Los últimos combates perpetrados en el norte de Mali entre tropas del ejército y rebeldes separatistas tuareg del Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA), han hecho que empiecen a levantarse voces discretas pero discordantes entre las tropas leales a la república y su presidente Amadou Toumani Touré (ATT).
La aplastante superioridad rebelde, que cuenta entre sus filas con cientos de mercenarios y armamento libio sacados del país tras la caída del régimen de Mouammar Gaddafi, ha hecho recrudecer esta vieja vindicación tuareg que, a pesar de haber firmado en 1991 un tratado de paz con el gobierno central, nunca ha llevado la total estabilidad a la zona.
El militar del ejército regular maliense acepta a regañadientes posar para la foto. Finalmente acepta, pero lo hace con dos condiciones no negociables: una, taparse la cara con un pañuelo (tuareg, ironías de la vida) y dos, quitarse los galones para no ser reconocido su rango. “Si me vieran mis superiores hablando con un periodista… me convocarían en consejo de guerra y, con suerte, me pudriría en la cárcel”. No le falta razón: las estrictas normas militares -iguales o muy parecidas en todos los ejércitos del mundo- en lo referente a revelar condiciones armamentísticas o estratégicas, sobre la moral de la tropa, o de cualquier otro tipo sin autorización del alto mando, le puede a uno costar caro, muy caro. “Te acusan de alta traición y te fusilan…. así que rápido”.
El lugar del encuentro es un maki –típico bar africano con licencia para vender alcohol, muy popular en toda el África subsahariana- que, además, hace las veces de club de alterne. Los variopintos parroquianos, “la flor y nata del barrio”, se tambalean de un lado a otro del local sin perder la oportunidad de magrear a la decena de exuberantes prostitutas apostadas junto a las puertas de las habitaciones. “Aquí no hay peligro -afirma confiado el militar- está todo el mundo tan borracho que antes de que nos vayamos ya ni se acordaran donde tienen sus casas”. Con una cerveza en la mano y varias en el estómago, la locuacidad del militar se torna amarga y contundente. “Los compañeros caen como perros indefensos y asustados. El enemigo es fuerte, bien armado y conocedores del desierto. Poco podemos hacer con nuestros viejos fusiles, con los pocos blindados ligeros y con la escasa aviación que tenemos… no podremos defendernos por mucho más tiempo sin la ayuda de otros países”.
No le falta razón al veterano hombre de armas. Aunque las cifras de caídos en los combates bailan desvergonzadas dependiendo del bando que las aporte, de todos es conocido el intolerable coste humano entre las tropas regulares. Para enfurecer aún más a la población, corren como la pólvora los rumores de asesinatos indiscriminados a prisioneros hechos en el campo de batalla que luego son encontrados maniatados y con un tiro en la cabeza. Con noticias así, a nadie extrañó el estallido de violencia y los duros enfrentamientos entre civiles y fuerzas de seguridad en Bamako del pasado 1 de febrero.
Un pueblo, una meta, una fe.
El lema del distintivo en la boina roja pesa. Pesan las botas. Pesa el calor asfixiante incluso mientras Europa se congela de frio…, y pesa la responsabilidad de la lucha para defender tu estado, a tu presidente. “¿Sabes lo que pesa también, el poco sueldo de un soldado, 60.000 cfa al mes (90€ aprox), las 10.000 cfa (15€ aprox) de plus por estar en el frente, o las 3.000 cfa (5€ aprox) por estar destinado en el desierto…, esto sí que nos mantiene con la moral baja… ¿La guerra? Para eso estamos preparados, somos profesionales y tenemos que asumir la derrota. Hay que saber reponerse y defender nuestra tierra… en los últimas días hemos ganado alguna batalla”. El militar se refiere a la del pasado 14 de febrero en los alrededores de Tessalit, en la región de Kidal, desértica y a ratos abrupta zona del noreste del país que además sirve de refugio a numerosas katibats (grupos) de AQMI (Al Qaeda Magreb Islámico), donde utilizando helicópteros pilotados por mercenarios ucranianos adeptos a la república a golpe de talón, lograron una victoria aplastante que les ha inyectado moral y tranquilizado en parte la presión del pueblo sobre su presidente.
“Sabes que si hubiese un referéndum la opción separatista perdería… qué nadie o casi nadie la apoyaría… Hay demasiada gente aquí y puede que alguno no esté borracho”. El militar se levanta apresurado, se tambalea como el resto de los clientes, pero no tiene ánimos para fiesta y esquiva a las prostitutas.
Mientras, en el bando rebelde, el líder tuareg y secretario General del Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA) Bilal Ag Charif, ha sido contundente en las últimas declaraciones hechas públicas: “No abandonaremos la lucha armada contra las fuerzas malienses hasta la liberación del norte de Mali, las operaciones militares continuarán hasta la liberación del territorio de Azawad o hasta que se alcance un acuerdo para la vía de la negociación que garantice dicha liberación". No va de farol el Sr del desierto: los últimos enfrentamientos en ciudades como Hombori o los rumores de ofensiva en Nampala hacen presagiar una larga y sangrienta lucha. No importa: mientras el desierto arde, Europa se hiela de frío.





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